domingo, 27 de octubre de 2013

Resumen de "Física" IV de Aristóteles

Aristóteles: Física IV
(Resumen)
Martín Rosado Osorio
(Grupo Origen - UNMSM) 

 
Capítulo 1
 
Debemos estudiar si el lugar es o no es, de qué modo es y qué es. Todos admiten que las cosas están en algún donde y el movimiento más común y principal denominado  desplazamiento es un movimiento con respecto al lugar; pero  qué es el lugar presenta dificultades ya que nuestros predecesores no se ocuparon de él ni de sus dificultades. Es evidente que el lugar existe por la sustitución de cuerpos, pero el lugar en sí es distinto del cuerpo. Así el lugar y el espacio son distintos de los cuerpos que se intercambian en ellos. El desplazamiento de los cuerpos simples, como el fuego, muestra que el lugar no sólo es algo sino que ejerce cierto poder por que cada uno de esos cuerpos es llevado hacia su lugar propio. Los objetos matemáticos aunque no existen en ningún lugar tienen sin embrago una derecha y una izquierda por su posición respecto de nosotros, de modo que solo conceptualmente y no por naturaleza poseen tales direcciones.
            Los que sostiene la existencia del lugar sostienen a su vez la existencia del vacío, pues el vacío sería  un lugar desprovisto de cuerpo. Ahora si el lugar existe entonces qué es. Debemos determinar el género propio del lugar. Se plantean las siguientes aporías: 1) el lugar posee tres dimensiones (longitud, anchura y profundidad)  y no es un cuerpo más; 2) los límites del cuerpo y sus superficies también poseen un lugar; pero el punto no es distinto del lugar del punto y así con respecto a las demás cosas y por tanto el lugar tampoco será algo que esté fuera de ellas; 3) entonces, ¿qué es el lugar? No es un elemento ni está constituido por elementos, posee cierta magnitud, pero no es cuerpo; 4) además, ¿el lugar es causa de que cosas? No se le puede atribuir ninguno modo de las cuatro causas; 5) y si fuese algo en sí mismo existente, ¿dónde está entonces? Si toda cosa existe en un lugar, entonces el lugar también debe existir a su vez en un lugar y así hasta el infinito. La aporía de Zenón merece respuesta; 6) si todo está en un lugar y todo lugar posee un cuerpo ¿qué ocurre con las cosas que aumentan? El lugar debería aumentar con ellas si asumimos que el lugar de cada cosa no es mayor ni menor que ella.
            Por tanto, se deriva un doble problema: qué es el lugar y si realmente existe.
 
Capítulo 2
 
El lugar es aquello común en el que están todos los cuerpos o aquello inmediato donde está cada cuerpo particular .Si el lugar es lo que inmediatamente contiene un cuerpo entonces sería un cierto límite con el que sería la forma de cada cuerpo por la cual se determina la magnitud de su materia en tanto la forma es límite de cada cuerpo; con ello el lugar de un cuerpo es su forma. Por otro lado, el lugar parece ser la extensión de la magnitud con lo cual es materia en tanto la extensión es distinta de la magnitud
            Sin embargo, el lugar no puede ser ni forma ni materia, pues éstas son inseparables del cuerpo, mientras el lugar puede serlo. Entonces el lugar parece ser semejante a un recipiente pero distinto de su contenido. El lugar tiene, pues, que ser algo, pero surgen dificultades con respecto a su qué es (esencia).
 
Capítulo 3
 
Examinemos si es posible que una cosa esté en sí misma o no lo esté en ningún caso, pues toda cosa o no está en ninguna parte o está en otra cosa. La pregunta es ambigua pues estar en sí se entiende de doble modo: con respecto a sí mismo o con respecto a  otro. Por ejemplo, si algo es parte de un todo entonces está en sí mismo, pero en sentido riguroso no es posible que la parte separada del todo este en sí misma. Por eso, sólo cuando la cosa tenga partes entonces es posible afirmar que está en sí  misma.
            Si examinamos la cuestión inductivamente y por argumentación  veremos que ninguna cosa está en sí misma en los sentidos distinguidos anteriormente. Cada parte del todo es diferente entre sí; de lo contrario, dos cosas estarían en una misma cosa, pero resulta que la razón de lo que está en algo es distinta de la razón de aquello en lo cual está.
Es manifiesto la imposibilidad de que una cosa este en sí misma en el sentido primario del  “estar en”. Además la aporía de Zenón no es difícil de resolver: nada impide que le lugar primario de una cosa esté en otra cosa, no como en tanto otro  lugar, sino como la salud está en las cosas calientes, es decir, como estado o afección. De este modo se evita el proceder hasta el infinito.
            Entonces es evidente, siguiendo el ejemplo del recipiente, que el lugar no es parte de lo contenido en él, pues “lo que” y “en lo que” son distintos, y lugar no es ni materia ni forma sino otra cosa distinta. Estas son dificultades con respecto al lugar.
 
Capítulo 4
 
Ante todo, es evidente que no habría surgido ninguna investigación por el lugar sino hubiese movimiento relativo al lugar; de este movimiento una clase es el desplazamiento, otra el aumento y la disminución, pues en estos hay cambios. A su vez entre las cosas que se mueven unas están acto por si, otras solo accidentalmente, y lo movido por accidente  o bien lo hace por sí como la parte del todo(o el clavo de un barco), o lo hace por accidente, como la blancura, que cambia de lugar si cambia aquello a lo que pertenece. Además, decimos que una cosa está en el universo como en un lugar, es decir, en el lugar del aire, pero no decimos que está en todo el aire. Cuando lo que la contiene no está dividido de la cosa sino en continuidad con ella se dice que la cosa no está en un lugar sino como parte del todo; pero cuando la cosa esta dividida y en contacto con otra cosa entonces  ambas extremos contiguos por contacto son iguales pues ocupan el mismo lugar. Y si un cuerpo está en continuidad con el cuerpo que lo contiene entonces se mueve con él, pero si está separado de él se mueve en él.
            De lo anterior se considera lo que es el lugar; debe ser alguna de estas cuatro cosas: o forma, o materia, o cierta extensión que está entre los extremos, o los extremos de las superficies de los cuerpos en contacto. Pero tres de éstas son inadmisibles. El lugar es diferente de la forma ya que la forma es límite del cuerpo como contenido y el lugar es límite del cuerpo como continente. Luego, el lugar no es cierta extensión pues no es posible un espacio extendido al margen del contenido del cuerpo que lo ocupa, pues supondría que hay infinitos lugares en el lugar extendido supuestamente existente por sí. Tampoco el lugar es materia porque el lugar es separable (como posibilidad, aunque no de hecho) de la cosa y la contiene mientras que la materia no posee estas propiedades. Si no es ninguna de estas tres, entonces tendrá que ser el límite del cuerpo continente que está en contacto con el cuerpo contenido, como el recipiente continente  respecto del vino contenido.
            El lugar parece ser algo importante pero difícil de captar, pues parece que fuera materia, forma o extensión. El ejemplo del recipiente muestra que el lugar, como el recipiente, seria transportable, pero el lugar es un recipiente no trasladable, como el caso de la barca en medio del río, pero el lugar seria el río total por que la totalidad es inmóvil. El lugar quiere ser inmóvil; por eso, el lugar de una cosa es el primer límite inmóvil de lo que la contiene. Por tanto, el centro del universo como los límites de él, en tanto extremos puntos de localización, se hallan en reposo. El lugar parece ser una superficie como un recipiente inmóvil que contiene y que está junto a una cosa, pues el límite está junto con lo limitado.
 
Capítulo 5
 
El todo del universo en cierto sentido está en movimiento, en otro no. En cuanto totalidad no cambia simultáneamente de lugar, pero se mueve circularmente. Así algunas de sus partes no se mueven hacia arriba o hacia abajo sino en círculo, pero otras lo hacen por rarefacción y condensación. Algunas partes están en un lugar pero otras no. Los cuerpos con movimiento local sí están en un lugar, pero el cielo, como totalidad, no está en un donde, pues no hay ningún cuerpo que lo contenga; pero sus partes sí poseen lugar. Otras cosas están accidentalmente en un lugar, como el cielo  y el alma, pues las partes del cielo están en un lugar mas no así el todo del cielo. Por eso todas las cosas están en el cielo y quizás el cielo sea el todo, pues más allá de él no hay más y no está en ninguna otra cosa.
            Según lo anterior se resuelven las aporías: a) no hay necesidad de que el lugar aumente con el cuerpo; b) ni que un punto tenga un lugar; c) ni que dos cuerpos estén en el mismo lugar; d) ni que sea extensión corpórea pues el límite, concepto que define al lugar, no es lo mismo que la extensión, siendo este el todo del cuerpo y el limite el extremo de él; e) el lugar está en un donde , pero no como el lugar en otro lugar, sino como el límite está en lo limitado, pues no toda cosa posee lugar sino solo los móviles; f) cada cuerpo se mueve hacia su lugar propio; y, g) es razonable que la cosa permanezca en su lugar propio como la parte permanece en el lugar del todo.
 
Capítulo 6
 
Compete al físico también reflexionar sobre el vacío, si es o no es, de qué modo es, y que es. Los que defienden su existencia lo conciben como cierto lugar o recipiente que está lleno cuando recibe contenido y vacío cuando se priva de él. Los que refutan su existencia alegan que el aire es algo y no vacío, es decir, el aire posee resistencia si se lo comprime en odres. Pero la gente común sostiene que el vacío no es ningún cuerpo y en él no hay nada, ni siquiera aire. A ellos habría que mostrar que el vacío no es una extensión separable de los cuerpos, como afirman Demócrito,  Leucipo y otros.
 
Capítulo 7
 
Veamos los significados del nombre vacío: se piensa que es el lugar donde no hay nada. Así el cuerpo es algo y ocupa un lugar, pero si el lugar no está ocupado entonces está vacío, y el vacío así es lo no corporal y por tanto carente de pesadez o ligereza. Entonces, parece que se llama vacío a lo no lleno por algún cuerpo susceptible de ser tocado, pero ¿qué ocurre si lo extenso posee color o sonido, no perceptibles por el tacto? Si recibiese un cuerpo tangible entonces es vacío, de lo contrario no.  También se llama vacío lo que carece de un esto o de sustancia corpórea. Por eso lo comparan con la materia.
            En verdad, no hay vacío, ni separable ni no separable de las cosas.
 
Capítulo 8
 
El vacío no puede ser causa de los movimientos, pues en el vació no hay diferencias. Por tanto, no hay un lugar al que se puedan desplazar los cuerpos, es decir, tanto los movimientos naturales como los violentos serían imposibles.
 
Capítulo 9
 
Si existiera el vacío, éste no explicaría todos los movimientos. Además, el vació sería algo y ocuparía un lugar. Y si se moviese tendría que hacerlo hacia un vacío. Todo lo cual es imposible.
 
Capítulo 10
 
Debemos investigar si el tiempo es o no es y luego cuál es su naturaleza. No es totalmente o es de manera oscura y difícil de captar se deduce por cuanto sigue. Se piensa que el tiempo es un cierto movimiento y un cierto cambio, pero sólo hay movimiento y cambio en la cosa que cambia mientras el tiempo, por el contrario, está en todas partes y con todas las cosas. Además, el tiempo no es rápido ni lento como sí el cambio, y el tiempo no se define por el tiempo, como sí es el caso de lo lento y lo rápido.
 
Capítulo 11
 
Sin cambio no hay tiempo, pues cuando no cambiamos no advertimos que el tiempo haya transcurrido según un antes y un después. Así, no habría tiempo si el ahora no fuese diferente; el tiempo, aunque no es movimiento, no existe sin él. Por tanto el punto de partida es: qué es el tiempo con respecto al movimiento.
            El tiempo  no es movimiento  sino  algo perteneciente a él. En el movimiento se distingue un antes y un después, por analogía con la magnitud, y así también se distingue en el tiempo un antes y un después, pues el tiempo sigue al movimiento. Luego el antes y el después del tiempo existen en el movimiento, pero su ser es distinto del movimiento a pesar de que conocemos el tiempo cuando determinamos el movimiento y al percibir en el movimiento determinado el antes y el después  decimos que el tiempo ha transcurrido. Y el antes y el después son distinguibles  porque son diferentes a modo de extremos respecto del medio, y sólo cuando el alma distingue un ahora antes y un ahora después entonces existe el tiempo. El tiempo es número del movimiento según el antes y el después, es decir, el tiempo no es movimiento pero se lo percibe a partir del movimiento. Así, si el movimiento es siempre distinto, entonces lo es también  el tiempo, pero el tiempo simultáneo es el mismo. Pero el ahora es percibido como unidad y no  como anterior o posterior, y parece entonces que en el ahora no haya transcurrido tiempo alguno, ya que sólo se dice que hay tiempo cuando percibimos un antes y un después.
            Con respecto al ahora se dice en dos sentidos: es el mismo y es diferente. En cuanto es un ahora y luego otro ahora es distinto; pero en cuanto el ahora en sí es idéntico, ya que el ahora por naturaleza es siempre el intermedio entre el antes y el después. Si el tiempo le sigue al movimiento entonces el ahora le sigue a la cosa en movimiento ya que por la cosa desplazada conocemos el antes y el después, y por éstas conocemos a su vez el ahora. Por tanto, si no hubiese tiempo (antes y después) no habría ahora, y si no hubiese ahora no habría tiempo. El tiempo es continuo por el ahora y se divide en el ahora en cuanto éste es límite divisorio entre el antes y el después; sin embargo, en cuanto límite,  el ahora no es parte del tiempo pero, en cuanto permite distinguir (numera) el tiempo, es número.
 
Capítulo 12
 
El tiempo es simultáneamente el mismo en todas partes pero diferente en cuanto  es tiempo anterior y  posterior. Por otra parte, no sólo medimos el movimiento por el tiempo sino al revés pues ambos se delimitan entre sí.
            El tiempo es la medida del movimiento y de la cosa que está moviéndose y lo mide en tanto el movimiento es  “ser en el tiempo”, pero “ser en el tiempo” significa: 1) ser cuando el tiempo es; 2) ser parte integrante del tiempo como cuando decimos que es algo es propiedad de otra cosa. El antes y el después son parte del tiempo en el segundo sentido, y las cosas son en el tiempo en el primer sentido, es decir, están en  el tiempo pero no pertenecen a éste. Y  decir  “ser  en el tiempo” supone, primero, admitir un tiempo más grande en el que todas las cosas son. Segundo, supone ser afectado por  el tiempo y así se dice que el tiempo es el que deteriora las cosas: sólo las cosas que son en el tiempo se destruyen, las que permanecen por siempre no son en el tiempo y por  eso no se destruyen. Tercero, lo que no es tampoco está en el tiempo. Y finalmente, el tiempo en sí es medida del movimiento e indirectamente es medida de las cosas en movimiento.
 
Capítulo 13
 
Revisemos los significados del ahora. Primero, es límite en doble sentido: en tanto divide es siempre distinto pero en tanto une el pasado y el futuro es el mismo como las líneas matemáticas; segundo, significa proximidad como cuando se dice “vendrá ahora”; tercero, es fin y comienzo, no del mismo tiempo, sino del fin del que ha pasado y comienzo del que ha de venir, y siempre está comenzando y por ello es inextinguible, pero en él se extinguen y se destruyen todas las cosas. El tiempo es más bien causa de destrucción que de generación
 
Capítulo 14
 
Todo cambio y toda cosa movida son en  el tiempo. Pero digno de estudio es el modo en que el tiempo está en relación con el alma. Si no hubiese alma que numere no habría algo que numerado; sin la inteligencia del alma no existe el tiempo a menos que exista algo cuando exista el tiempo. Por otro lado, el tiempo es el mismo, aunque los movimientos en el tiempo, sean diferentes. Ahora, si lo numerable es medido por lo numerado en tanto que le es congénere, entonces el  movimiento circular es la medida por excelencia porque es uniforme y por ello a su vez se piensa que el tiempo es el movimiento de la esfera, por la cual se miden los demás movimientos y el propio tiempo se mide por este movimiento circular.
 
Temas
 
1. El lugar
2. El vacío
3. El tiempo
a) Tiempo es medida del movimiento.
b) El antes y el después. El ahora es límite y no parte del tiempo.
c) El tiempo es lo  mismo y lo diferente.
d) Significados de ser en el tiempo.
e) Tiempo y alma.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



sábado, 5 de octubre de 2013

Resumen de "Física" II de Aristóteles


Aristóteles: Física II
(Resumen)
Juan Pablo Cotrina Cosar
(Grupo Origen - UNMSM) 

Capítulo 1

Algunas cosas, como los animales, plantas y cuerpos simples, son por naturaleza; otras, como una cama, una prenda de vestir, o cualquier producto del arte, son por otras causas. La diferencia radica en que las primeras tienen en sí un principio de movimiento y de reposo; mientras que, las segundas, solo lo tienen accidentalmente. Porque la naturaleza es un principio y causa del movimiento o del reposo en la cosa por sí misma, no por accidente, ya que la cosa que es por accidente no tiene en sí el principio de su producción, sino que unas las tienen fuera, y otras lo tienen en sí mismas, pero no por sí mismas.
     Ahora bien, cada una de aquellas cosas que tiene en sí misma el principio de su producción tiene naturaleza. Además, es una sustancia, pues es un sustrato y la naturaleza está siempre en un sustrato. Pero, aquellas cosas que no tienen en sí mismas tal principio son solo por naturaleza y conforme a naturaleza.
     Así, queda dicho qué es la naturaleza y qué es ser por naturaleza y conforme a naturaleza. Y, aunque sería ridículo demostrar la existencia de la naturaleza, es necesario explicitar los sentidos que ella tiene.
     Por un lado, algunos piensan que la naturaleza o la substancia de las cosas que son por naturaleza es el constituyente primero en cada una de ellas, algo informe en sí mismo; así, la naturaleza de la cama sería la madera. Con ello, consideran a la materia como la naturaleza de las cosas, De ahí que algunos piensen que la naturaleza sea el fuego; otros, la tierra; otros, el aire; otros, el agua; otros, que varios de estos elementos; otros, que todos ellos. Más, por otro lado, algunos piensan que es la forma o la especie la naturaleza de las cosas, ya que la forma tendría en sí mismo el principio de movimiento y, además, porque decimos que una cosa es lo que es cuando existe actualmente más que cuando existe en potencia. De esta manera, la naturaleza se dice en dos sentidos: materia y forma.

Capítulo 2

Según los sentidos de naturaleza, materia y forma, se establece una diferencia entre el quehacer del físico y el del matemático. Pero, si hay dos naturalezas, ¿cuál ha de ser estudiada por el físico? ¿O tendrá que estudiar más bien lo que resulta de ambas? Mas, si tiene que estudiar lo que resulta de ambas, entonces también cada una de ellas. En tal caso, ¿habrá una misma ciencia para ambas naturalezas, o bien una ciencia para la una y otra para la otra?
     Si atendemos a los antiguos podría parecer que el objeto de la física es la materia. Pero, si “el arte imita a la naturaleza” y es propio de una misma ciencia el conocer la forma y la materia (por ejemplo, el constructor conoce la forma de la casa, pero también la materia, a saber, ladrillos y la madera), será entonces tarea propia de la filosofía conocer ambas naturalezas. Además, también es propio de esta ciencia, la filosofía, conocer el para lo cual o el fin y todo lo que está en función de ese fin. Es decir, es propio de la filosofía conocer la naturaleza, ya que ella es fin y aquello para lo cual.
     Las artes, por otro lado, también producen, dominan, y, sobre todo, conocen la materia. Estas se dividen en dos grandes grupos: unas conocen la materia y saben hacer uso de las cosas; y, otras, a las que se les denomina arquitectónicas y pertenecen a las artes productivas, conocen la forma. Así, en las cosas artificiales producimos la materia para operar con ella, pero en las cosas naturales la materia ya existe. Además, la materia es algo relativo, pues para una forma se requiere una materia y para otra forma otra materia. Ahora bien, ¿hasta qué punto el físico debe conocer la forma y la esencia de las cosas? ¿Acaso debe conocerlas limitándose a su propio fin, y a lo que es separable en cuanto a la forma, pero que se encuentra en la misma materia? En cuanto a determinar el  modo de ser de lo separable y cuál sea su esencia, esto es propio de la filosofía primera.

Capítulo 3

Ahora, hechas estas distinciones, es necesario examinar cuáles y cuántas son las causas, ya que el objeto de esta investigación es el conocer y no creemos conocer algo si antes no hemos preguntado por el por qué, es decir,  por la causa primera.
     En primer lugar, se dice que es causa aquel constitutivo interno o materia de lo que algo está hecho, como el bronce respecto de la estatua. En segundo lugar, se dice que es causa la forma o el modelo, esto es, la definición de la esencia y sus géneros, y las partes de la definición, como la humanidad respecto del hombre. En tercer lugar, se dice que es causa  el principio primero de donde proviene el cambio o el reposo, como el padre respecto del hijo. Y, en último lugar, se dice que es causa el fin, esto es, aquello para lo cual algo es, como la salud respecto del pasear, ya que ¿por qué paseamos? Para estar sanos.
     Tales son, pues, los sentidos en que se dice de algo que es causa. Pero como causa se dice en varios sentidos, ocurre que una misma cosa tiene varias causas. Causas que se reducen a cuatro clases: las que son sujeto subyacente; las que son esencia; las que son principio de cambio y reposo; y las que son el fin o el bien de las cosas. Estas causas, ya sean propias o accidentales, pueden ser dichas o en potencia o en acto; así, la causa de la construcción de una casa es el constructor, y de la casa que efectivamente está siendo construida lo es el constructor que la está construyendo. Por todo ello, se debe decir que al investigar la causa de cada cosa hay buscar siempre la que es preponderante.

Capítulo 4

Se suele decir que la suerte y la casualidad también son causas. Es así, que es necesario examinar, primero, de qué manera la suerte y la casualidad se encuentran entre las causas indicadas; segundo, si la suerte y la casualidad son lo mismo o diferentes; y, tercero, qué es lo que son.
     Por un lado, algunos piensan que nada proviene de la suerte, ya que todo cuanto ocurre tiene una causa determinada. Porque si la suerte fuese algo, parece extraño que ninguno de los antiguos sabios se haya ocupado de ello, aunque hayan hecho uso de ella, como Empédocles. Pero también es sorprendente que muchas cosas lleguen a ser y son debido a la suerte o la casualidad. Por otro lado, otros consideran que este mundo y todos los mundos son producto de la casualidad; pues dicen, por absurdo que pueda ser, que el cielo y las cosas divinas se han generado por casualidad. Más, junto a estos, hay quienes piensan que la suerte es una causa, pero que es algo divino y tan demónico que la hace inescrutable para el pensamiento humano De esta manera, es necesario examinar la causalidad y la suerte y ver qué es cada una de ellas.

Capítulo 5

Habiendo considerado las diferentes opiniones con relación a la suerte y la casualidad, es necesario, ahora, examinar qué son cada una de ellas.
     Observamos que algunas cosas suceden siempre de la misma manera, y otras en la mayoría de casos. Por ello, es evidente que de ninguna de ellas se puede decir que su causa sea la suerte o que suceden fortuitamente. Pero como, aparte de éstas, existen otras de las que todos dicen que suceden fortuitamente, es evidente que la suerte y la casualidad son algo.
     Ahora bien, hay cosas que suceden para algo, otras no. Entre las cosas que suceden para algo, algunas suceden por elección, otras no. Pues bien, es “para algo” aquello que es hecho como efecto del pensamiento o de la naturaleza. Pero, decimos que algo es por accidente cuando es debido a la suerte. Porque así como una cosa es por sí o por accidente, lo mismo puede serlo una causa.  
     Así pues, lo que es causa por sí es determinado, pero la causa accidental es indeterminada, y siendo la suerte una causa accidental es, por ello, necesariamente indeterminada. De ahí que se piense que sea inescrutable para el hombre. Pero también es correcto decir que la suerte es imprevisible, pues solo podemos prever lo que sucede siempre o casi siempre, mientras que la suerte se da fuera de estos casos. Es por esta última razón que la suerte es inconstante, especialmente lo que se denomina “buena suerte”.

Capítulo 6

Habiendo manifestado, en el punto anterior, que la suerte y la casualidad son causas accidentales, es necesario, ahora, examinar en qué se diferencian una de otra.
     La casualidad se diferencia de la suerte por ser una noción más amplia, ya que todo cuanto se debe a la suerte se debe también a la casualidad, pero no todo cuanto se debe a la casualidad se debe  la suerte. La suerte, por su parte, se diferencia de la casualidad por limitarse a la actividad humana. Por eso, nada hecho por las cosas inanimadas, los animales y  los niños es resultado de la suerte. La casualidad, en cambio, se puede encontrar en los demás animales y en muchas cosas inanimadas. Así, cuando a las cosas le sobreviene algo distinto a su finalidad por causa externa, decimos que es por casualidad y, cuando se trata de cosas que pueden ser elegidas por aquellos que tienen capacidad de elegir, decimos que es por suerte. Pero, la casualidad se diferencia de la suerte sobre todo en las cosas generadas por naturaleza, ya que cuando se genera algo contrario a la naturaleza no decimos que es por suerte sino por casualidad.
     De esta manera, se ha dicho qué es la casualidad, qué es la suerte y en qué se diferencian. En cuanto al modo en que son causas, ambas lo son como aquello de donde comienza el movimiento. Pero, puesto que la casualidad y la suerte son causas de cosas que han sido causadas accidentalmente por algo, y puesto que nada accidental es anterior a lo que es por sí, es evidente que ninguna causa accidental es anterior a ninguna causa por sí. La casualidad y la suerte son, entonces, posteriores a la inteligencia y a la naturaleza.

Capítulo 7

Existen varios modos en que podemos entender el por qué de las cosas. El por qué, en efecto, nos remite últimamente o bien a la esencia, o bien a lo que primariamente hace mover, o bien al para qué, o bien a la materia. Así, las causas son cuatro, y es tarea propia del físico conocerlas todas, pues para explicar físicamente el por qué tendrá que remitirse a todas ellas, esto es, a la materia, a la forma, a lo que hace mover, y al fin. En general, es tarea del físico indagar por las cosas que son movidas al mover otras. Pero, en cuanto a las que mueven sin ser movidas, no es competencia de la física, ya que no  mueven porque poseen en sí el movimiento o el principio del movimiento, sino porque son inmóviles. De esta manera, los principios que mueven son dos. Y uno no es físico, pues no tiene en sí el principio de movimiento. Así, puesto que la naturaleza es para algo, es necesario explicar también esta causa.

Capítulo 8

Tenemos que explicitar, en este punto, primero, por qué razón se incluye a la naturaleza entre las cosas que son para algo; luego, decir de qué modo se presenta la necesidad en las cosas naturales, pues todos las remiten a esta causa, aunque tan pronto como lo admiten lo abandonan apelando a  la casualidad. Así, ya que se piensa que las cosas suceden o por coincidencia o por un fin, y puesto que no es posible que sucedan por coincidencia ni que se deba a la casualidad, es necesario, entonces, que sucedan por un fin. Luego en las cosas que llegan a ser y son por naturaleza hay una causa final. Pues las cosas están hechas de la manera en que su naturaleza dispuso que fuesen hechas. Es decir, están hechas para algo.
     Ahora bien, en algunos casos el arte completa lo que la naturaleza no pudo llevar a término, en otros imita a la naturaleza. Por lo tanto si las cosas producidas por el arte están hechas con vistas a un fin, es evidente que también lo están las producidas por la naturaleza; pues lo anterior se encuentra referido a lo que es posterior tanto en las cosas naturales como artificiales. Y puesto que la naturaleza puede entenderse como materia y forma, y puesto que esta última es el fin, mientras que todo lo demás está en función del fin, la forma tiene que ser causa como causa final.
     Observamos también que en lo hecho artificialmente se producen errores. Por lo tanto es evidente que estos errores se pueden producir en las cosas naturales. Pues si hay cosas artificiales en las que lo producido se ha hecho correctamente con vistas a un fin, y también otras hechas erróneamente cuando el fin que se pretendía no se ha alcanzado, lo mismo puede suceder en las cosas naturales, ejemplo de ello son los monstruos. Además, debemos decir que las cosas naturales son aquellas que, movidas por un principio interno, llegan a un fin, pero este fin no es el mismo para cada principio, ni tampoco se llega fortuitamente a cualquier fin desde un determinado principio, sino que desde un mismo principio se llega a un mismo fin, si nada se lo impide. Así pues, es evidente que la naturaleza es una causa que opera para un fin.

Capítulo 9

Lo que es por necesidad ¿lo es en sentido condicional o absoluto? Algunos creen que lo que es por necesidad reside en la generación, como si pensaran que un muro fuera hecho por la materia de la que está constituido. Sin embargo, aunque el muro no pueda ser hecho sin esas cosas, no fue hecho por causas de ellas, sino fue hecho para algo. Luego, lo necesario es necesario condicionalmente, pero no como fin; porque la necesidad está en la materia, mientras que el fin está en la definición. Así, es pues evidente que en las cosas naturales lo necesario es lo que llamamos materia y sus movimientos. De esta manera, el físico ha de establecer ambas causas, pero sobre todo la causa final, ya que ésta es causa de la materia y no la materia del fin. 

Temas
 
1. La naturaleza: lo que es naturaleza y lo que es por naturaleza o conforme a la naturaleza.
2. Los sentidos de naturaleza: materia y forma.
3. La ciencia y los tipos de arte.
4. Las cuatro causas.
5. Suerte y casualidad
            a) La causa accidental: indeterminada, inescrutable, imprevisible e inconstante.
            b) La suerte (actividad humana) y la casualidad (animales y cosas inanimadas).
6. “El por qué” y las cuatro causas.
7. Los principios de movimiento: “los que mueven y son movidos” y “los inmóviles”.
8. La forma como causa final.
9. La materia como necesidad condicional.

 

 

 

 

Resumen de "Física" I de Aristóteles


Aristóteles: Física I
(Resumen)
Werther Gonzales León
(Grupo Origen – UNMSM) 

Capítulo 1 

La física se define como ciencia de la naturaleza, y sólo hay ciencia ahí donde se da un conocimiento de principios, causas y elementos. Por lo tanto, debemos determinar, en primer lugar, lo relativo a sus principios. Para ello es necesario encaminar la investigación desde lo que es más cognoscible y más claro para nosotros hacia lo que es más claro y más cognoscible por naturaleza. Esto quiere decir, proceder analíticamente desde las cosas en su conjunto hacia sus constituyentes particulares.

Capítulo 2

Es necesario que haya o un principio o varios. Si hay sólo un principio, entonces, o bien será inmóvil, como dicen Parménides y Meliso, o bien estará en movimiento, como afirman los físicos. Pero si los principios son varios, o bien serán finitos, o bien infinitos. Si son finitos, serán dos, tres, cuatro o algún otro número; si son infinitos, o pertenecerán a un único género, diferenciándose sólo en la figura, o bien serán diferentes o incluso contrarios en especie. Del mismo modo proceden quienes buscan cuántos entes hay realmente, pues éstos también investigan si los principios o los elementos son uno o muchos.
Ahora bien, examinar si lo que es es uno e inmóvil no es un examen propio de la física. En efecto, no le corresponde al físico discutir las tesis sobre lo que es de Heráclito, Meliso o Parménides. Nosotros, por nuestra parte, damos por supuesto que los entes por naturaleza, o todos o algunos, están en movimiento. Esto es evidente por experiencia. Y aunque no estemos obligados a refutar toda argumentación adversa, las tesis de Parménides y Meliso plantean importantes problemas de orden físico. De ahí que tal vez sea conveniente decir algo al respecto, ya que este examen tiene interés para la filosofía.
Puesto que lo que es se dice en muchos sentidos, el punto de partida más apropiado será investigar en qué sentido dicen que todas las cosas son una unidad. ¿Acaso que todas son sustancias o cantidades o cualidades? ¿Acaso que son una única sustancia, o una única cualidad? Estas alternativas son muy diferentes y no es posible afirmarlas a la vez, ya que en ese caso habría muchos entes. Por otro lado, si Meliso afirma que lo que es es infinito, entonces sería una cantidad, pues lo infinito es infinito en cantidad, no en cuanto sustancia o cualidad. Pero si fuera una sustancia y una cantidad, lo que es sería dos y no uno.
Además, puesto que el uno mismo se dice en muchos sentidos, como lo que es, se debe examinar de qué modo se dice que el todo es uno. Se dice que algo es uno si es continuo, o si es indivisible, o si la definición de su esencia es una y la misma. Sin embargo, el todo no puede ser uno por ser continuo, ya que lo continuo es infinitamente divisible; ni puede ser uno por ser indivisible, pues ninguna cosa tendrá cantidad ni cualidad; en fin, todos los entes no pueden ser uno por tener la misma definición, porque entonces se vuelve a la doctrina de Heráclito, y todas las cosas no serían una unidad, sino nada.
En cuanto a los antiguos más próximos a nosotros, evitaban utilizar el «es» con el fin de sustraerse al hecho de que lo uno se hiciera múltiple. Ellos tampoco vieron que uno y lo que es tiene múltiples significados; ya que los entes son muchos o bien por definición, o bien por división, y una misma cosa puede ser una y múltiple sin oposición.

Capítulo 3

Así pues, al proceder de este modo, parece imposible que los entes sean una unidad, y los argumentos utilizados para probarlo no son difíciles de refutar. En efecto, tanto Parménides como Meliso hacen razonamientos erísticos. Meliso, por un lado, comete una falacia, pues piensa que si «todo lo que se genera tuvo un comienzo», «lo que no se genera no lo tiene». Y también es absurdo suponer que todo tiene un comienzo, no del tiempo, sino de la cosa; y esto no sólo en cuanto a la generación absoluta, sino también en cuanto a la generación de una cualidad. Además, si lo que es es uno, ¿por qué tiene que ser inmóvil? Por último, lo que es no puede ser uno en cuanto a la forma, sino sólo en cuanto a la materia.
Parménides, por otro lado, puede recibir las mismas objeciones, aunque hay también otras que se le pueden aplicar con más propiedad. En efecto, supone que lo que es sólo se dice en sentido absoluto, siendo que tiene muchos sentidos; y a partir de esto no se podría distinguir entre lo blanco y aquello a lo que pertenece. Por lo tanto, sus premisas son falsas y sus conclusiones no se siguen. Necesariamente, pues, Parménides no sólo supone que lo que es tiene un único significado, sino también que significa lo que propiamente es y lo que propiamente es uno. Sin embargo, lo que es, en ese caso, no podrá ser un atributo. Ahora, si se acepta que lo que propiamente es no es atributo de algo, ¿por qué ha de significar lo que es más bien que lo que no es? Porque si lo que propiamente es no sólo es sino que también es blanco, entonces lo que propiamente es no es. Además de esto, lo que propiamente es no podrá tener magnitud, ya que el ser de cada una de sus partes sería diferente.
Es también evidente desde el punto de vista de la definición que lo que propiamente es es divisible en otros que propiamente son. Así, si hombre fuese lo que propiamente es, también animal y bípedo tendrían que ser lo que propiamente es. Porque, si no lo fueran, serían entonces atributos del hombre o de algún otro sujeto. Pero ambas alternativas son imposibles, si se entiende por atributo: o bien lo que puede pertenecer o no pertenecer a un sujeto, o bien aquello a lo que pertenece la definición del sujeto del cual es un atributo.
Finalmente, algunos nos han transmitido ambos argumentos: el de que todas las cosas son una, porque lo que es significa una cosa, con lo cual conceden que lo que no es es; y el de la dicotomía, que supone magnitudes indivisibles. Sin embargo, nada obsta que haya, no un no ser absoluto, sino un cierto no ser. Por tanto, es absurdo decir que todas las cosas son una porque no puede haber nada fuera de lo que es mismo. Nada impide, pues, que los entes sean muchos; y es evidentemente imposible que lo que es sea uno de este modo.

 
Capítulo 4

En cuanto a los físicos, estos hablan de dos modos. Algunos (Tales, Anaxímenes, Heráclito, Platón) establecen que el uno es el cuerpo subyacente, del que se generan todas las demás cosas, que se hacen múltiples por rarefacción y condensación. Otros (Anaximandro, Empédocles y Anaxágoras) afirman que los contrarios están contenidos en el uno y emergen de él por separación. Ahora bien, Anaxágoras pensó que hay infinitas partículas semejantes, <homeoméricas>,  porque asumió la opinión común entre los físicos de que nada llega a ser de lo que no es, lo cual los llevó a decir: “todas las cosas estaban juntas”; además, la generación recíproca de los contrarios les llevó a suponer que tenían que haber existido ya uno en otro. Y, si todo lo que es tiene que provenir de lo que es, pensaron que las cosas provenían de cosas ya existentes. Por eso decían que todo está mezclado en todo, asumiendo que la naturaleza de una cosa es lo que parece poseer preponderantemente.
Pero si el infinito en cuanto infinito es incognoscible, el infinito como cantidad o como cualidad también será incognoscible. Y si los principios fueron infinitos según el número y según la forma, sería imposible conocer lo que está compuesto de ellos, porque creemos conocer un compuesto sólo cuando sabemos cuáles y cuántos son sus componentes.
Además, si las partes de una cosa pudiesen ser de cualquier tamaño en grandeza o pequeñez («partes» en cuanto los componentes en que puede ser dividido el todo), entonces necesariamente la cosa total podrá ser de cualquier tamaño. Pero si es imposible que un animal o una planta sean de cualquier tamaño en grandeza o en pequeñez, es evidente que tampoco cualquiera de sus partes podrá serlo, pues si no fuera así, el todo también lo sería.
Es evidente, además, que toda cosa no puede estar presente en toda cosa, puesto que todo cuerpo finito se agota por la sustracción reiterada de una magnitud finita. Por otro lado, si todo cuerpo al que se le quite algo tiene que hacerse necesariamente más pequeño, es manifiesto que a ningún cuerpo se le puede separar la cantidad mínima de lo que está hecho. Así, que jamás tendrá lugar una completa separación, es verdad, aunque Anaxágoras lo dice sin saber por qué: porque las afecciones son inseparables. De ahí que sea absurda e imposible esta Inteligencia (Nous) que postula, pues pretende separar lo que no es separable.
Anaxágoras, tampoco concibe correctamente la generación de las cosas de la misma especie. Porque en cierto sentido el barro se puede dividir en trozos de barro, pero en otro sentido no. Ni el agua y aire son y se engendran mutuamente de la misma manera en que los ladrillos vienen de la casa o la casa de los ladrillos. Por lo tanto, sería mejor concebir un número más reducido y finito de principios, como hace Empédocles.

Capítulo 5

Todos ponen los contrarios como principios, tanto aquellos que afirman que el todo es uno e inmóvil, como los que hablan de lo raro y lo denso. Y esto con buena razón: pues es necesario que los principios no provengan unos de otros, ni de otras cosas, sino que de ellos provengan todas las cosas. En cuanto a los contrarios primeros, les corresponde esto: no provienen de otras cosas, porque son primeros, ni tampoco unos de otros, porque son contrarios. Pero, cómo acontece esto, tenemos que examinarlo también con la razón.
Hay que asumir que, entre todos los entes, no hay ninguno que por su propia naturaleza pueda actuar sobre algo o padecer algo al azar en virtud de algo azaroso, y que cualquier ente no puede llegar a ser de otro cualquiera, salvo que se le considere por accidente. Tampoco ninguno se destruye primariamente en otro cualquiera. Y este razonamiento se aplica tanto a las cosas simples como a las compuestas, pero como no tenemos un nombre para las disposiciones opuestas, en el caso de estas últimas, ello cae en el olvido.
Ahora bien, si esto es verdadero, todo lo que llega a ser proviene de su contrario o de algo intermedio y todo lo que se destruye se destruye en su contrario o en algo intermedio. Además, los intermedios provienen también de los contrarios. Por consiguiente, todos los entes que llegan a ser por naturaleza o son contrarios o provienen de contrarios.
Nuestros predecesores nos han acompañado hasta aquí al afirmar, como constreñidos por la verdad misma, que los principios son contrarios, aunque no han dado ninguna razón. Si bien algunos entienden los contrarios como más cognoscibles según la razón, y otros como más cognoscibles según la sensación, todos hablan de los principios como contrarios.

Capítulo 6

Queda ahora por decir si los principios son dos o tres o más. No es posible que haya un único principio, puesto que los contrarios no son una misma cosa. Tampoco pueden ser infinitos, por las siguientes razones: lo que es no sería cognoscible; en cada género solo hay una contrariedad y la sustancia es un género único; es posible y además preferible partir de un número finito; y, finalmente, los principios no deben ser anteriores o posteriores respecto de sí, sino permanecer siempre. Es evidente, pues, que no pueden ser ni uno ni infinitos.
Pero si son finitos, hay ciertas razones para no suponer que los contrarios sean solo dos: sería difícil percibir cómo por su propia naturaleza actúa uno sobre otro; no vemos que los contrarios sean la sustancia de ninguna cosa; una sustancia no puede estar constituida por no-sustancias. Por eso, si se admiten como verdaderas estas argumentaciones, es necesario suponer un tercer principio. Así pues, parece razonable afirmar que no puede haber un solo elemento, ni tampoco más de dos o tres. Pero resulta difícil decidir si son dos o tres.

Capítulo 7

Nosotros vamos a hablar ahora, en primer lugar, de toda generación, pues es conforme a naturaleza hablar primero de lo que es común y examinar después lo que es particular.
 Decimos, pues, que algo llega a ser de algo distinto al referirnos bien a [términos] simples («el hombre llega a ser músico» o «lo no-músico llega a ser músico») o bien a compuestos («el hombre no-músico puede llegar a ser un hombre músico»). Pero en uno de estos casos no decimos solo: «esto llega a ser», sino también: «esto llega a ser de esto» («el músico llega a ser del no-músico»), aunque no en todos los casos. Y cuando decimos que algo simple llega a ser, en un caso ese algo permanece (hombre) y en otro no (no-músico).
Al hacer estas determinaciones, si alguien penetra con la mirada a la manera como hemos dicho, alcanzamos esto: debe haber siempre algo subyacente en lo que llega a ser, y ello, aunque es uno en número, no es uno en forma. Además, nuestro modo de hablar evidencia que «llegar a ser» se dice en muchos sentidos: en algunos casos no se habla de llegar a ser, sino de llegar a ser un esto, y solo de las sustancias se dice que llegan ser en sentido absoluto. Es manifiesto, pues, que en cualquier caso debe haber algo subyacente.
En cuanto a las sustancias que llegan a ser, lo hacen o por transfiguración, o por adición, o por sustracción, o por composición, o por alteración, y a partir de un substrato. Por ello es evidente que todo lo que llega a ser es compuesto, y no solo hay algo que llega a ser, sino algo que llega a ser esto, y lo último de dos modos: o como substrato o como lo opuesto.
Por lo tanto, si de los entes que son por naturaleza hay causas y principios de los que primariamente son y han llegado a ser, entonces es evidente que todo llega a ser desde un substrato y una forma. Y aunque el substrato es uno en número, pero dos en cuanto a la forma; la forma es una, como el orden o la música o cualquiera otra determinación similar. Por eso, en un sentido hay que decir que los principios son dos y, en otro, que son tres.
Hemos dicho, pues, cuántos son los principios del llegar a ser de los entes naturales y en qué sentido son tantos, y queda claro que tiene que haber un substrato para los contrarios y que los contrarios son dos. Pero, en otro sentido, esto no es necesario, pues es suficiente con uno de los contrarios para efectuar el cambio por su ausencia o presencia. En cuanto a esta naturaleza subyacente, es cognoscible por analogía, y aunque es un principio, no es uno ni es ente a la manera en que lo es un esto; otro principio es aquello del cual hay definición, y otro también su contrario, la privación.
Ahora bien, todavía no está claro cuál es la sustancia, si la forma o el substrato. Pero que los principios son tres, en qué sentido son tres y en qué relación están entre sí, es evidente. Hemos examinado, entonces, cuántos son los principios y qué son.

Capítulo 8

Que solo de este modo se pueden resolver las dificultades de los antiguos, lo vamos a mostrar ahora. Frente a la opinión de los que primero filosofaron, según la cual ningún ente puede generarse o destruirse, puesto que lo generado tendría que llegar a ser o de lo que es o de lo que no es, siendo ambas alternativas imposibles, nosotros decimos «llegar a ser de lo que es o de lo que no es», o «lo que no es o lo que es ejerce o padece alguna acción, o llega a ser algún esto» en nada se diferencia del médico que ejerce o padece alguna acción, o de algo que llega a ser por obra del médico.
Al igual que los antiguos, nosotros también afirmamos que nada llega a ser de lo que no es, pero esto en sentido absoluto, porque de algún modo hay un llegar a ser de lo que no es, a saber, por accidente; pues una cosa llega a ser de la privación, que por sí misma no es, no de un constitutivo suyo. Pero esto produce asombro y parece imposible que algo llegue a ser así, de lo que no es. Y de la misma manera afirmamos que nada llega a ser de lo que es, y que lo que es no llega a ser, salvo por accidente.
Este es, pues, un modo de resolver la dificultad. Otro consiste en hablar de una misma cosa con respecto a su potencialidad y con respecto a su actualidad. Pero, de este modo, decíamos, también se resuelven las dificultades que les forzaron a hacer las supresiones de que hemos hablado; pues fue por ellas por las que los antiguos se apartaron del camino de la generación, la destrucción y el cambio en general. Les habría bastado con mirar esta naturaleza para que se disipase toda su ignorancia.

Capítulo 9

Hay otros que la han percibido, aunque no suficientemente. Porque siguen pensando que algo solo puede llegar a ser de lo que no es, y que esta naturaleza es una solo en potencia, lo cual es algo completamente diferente a lo que venimos diciendo. Nosotros afirmamos que materia y privación son distintos: aquella no es por accidente y esta no es por sí misma. Ellos, en cambio, afirman que lo Grande y lo Pequeño no son, tomados conjuntamente o cada uno por separado. Su tríada es, entonces, enteramente distinta de la nuestra.
En cierto sentido la materia se destruye y se genera, en otro no. Porque, considerada como aquello «en lo que», en sí misma se destruye; pero considerada como potencia, en sí misma no se destruye, sino que necesariamente es indestructible e ingenerable. En cuanto al principio según la forma, es propio de la filosofía primera ocuparse de él; y en cuanto a las formas naturales que pueden destruirse hablaremos de ellas más adelante. De este modo queda, por lo tanto, determinado que hay principios, cuáles son y cuántos son en número. 
Temas
 
1. La ciencia de la naturaleza: punto de partida y método.
2. Número y naturaleza de los principios. La tesis de Parménides y Meliso
3.   Refutación de la tesis «lo que es es uno»
4.   Las tesis de los físicos y su examen
5. Naturaleza de los principios: los contrarios
6. Número de los principios: dos o tres
7. Naturaleza y número de los principios a partir del análisis del llegar a ser
8. Resolución de las aporías de los antiguos filósofos
9. Reflexiones sobre la materia como principio: crítica de Platón