Aristóteles: Física I
(Resumen)
Werther Gonzales León
(Grupo Origen – UNMSM)
Capítulo 1
La
física se define como ciencia de la naturaleza, y sólo hay ciencia ahí donde se da un conocimiento
de principios, causas y elementos. Por lo tanto, debemos determinar, en primer
lugar, lo relativo a sus principios. Para ello es necesario encaminar la
investigación desde lo que es más cognoscible y más claro para nosotros hacia lo que es más claro y más cognoscible por naturaleza. Esto quiere decir, proceder
analíticamente desde las cosas en su conjunto hacia sus constituyentes
particulares.
Capítulo 2
Es
necesario que haya o un principio o varios. Si hay sólo un principio, entonces,
o bien será inmóvil, como dicen Parménides y Meliso, o bien estará en
movimiento, como afirman los físicos. Pero si los principios son varios, o bien
serán finitos, o bien infinitos. Si son finitos, serán dos, tres, cuatro o
algún otro número; si son infinitos, o pertenecerán a un único género,
diferenciándose sólo en la figura, o bien serán diferentes o incluso contrarios
en especie. Del mismo modo proceden quienes buscan cuántos entes hay realmente,
pues éstos también investigan si los principios o los elementos son uno o
muchos.
Ahora bien, examinar si lo que es es uno e inmóvil no es un
examen propio de la física. En efecto, no le corresponde al físico discutir las
tesis sobre lo que es de Heráclito,
Meliso o Parménides. Nosotros, por nuestra parte, damos por supuesto que los
entes por naturaleza, o todos o algunos, están en movimiento. Esto es evidente
por experiencia. Y aunque no estemos obligados a refutar toda argumentación
adversa, las tesis de Parménides y Meliso plantean importantes problemas de
orden físico. De ahí que tal vez sea conveniente decir algo al respecto, ya que
este examen tiene interés para la filosofía.
Puesto que lo que es se dice en muchos sentidos, el punto de partida más
apropiado será investigar en qué sentido dicen que todas las cosas son una unidad. ¿Acaso que todas son
sustancias o cantidades o cualidades? ¿Acaso que son una única sustancia, o una
única cualidad? Estas alternativas son muy diferentes y no es posible
afirmarlas a la vez, ya que en ese caso habría muchos entes. Por otro lado, si
Meliso afirma que lo que es es
infinito, entonces sería una cantidad, pues lo infinito es infinito en
cantidad, no en cuanto sustancia o cualidad. Pero si fuera una sustancia y una
cantidad, lo que es sería dos y no
uno.
Además, puesto que el uno mismo se dice en muchos sentidos,
como lo que es, se debe examinar de
qué modo se dice que el todo es uno.
Se dice que algo es uno si es continuo, o si es indivisible, o si la definición
de su esencia es una y la misma. Sin
embargo, el todo no puede ser uno por
ser continuo, ya que lo continuo es infinitamente divisible; ni puede ser uno por ser indivisible, pues ninguna
cosa tendrá cantidad ni cualidad; en fin, todos los entes no pueden ser uno por tener la misma definición,
porque entonces se vuelve a la doctrina de Heráclito, y todas las cosas no serían
una unidad, sino nada.
En cuanto a los antiguos más próximos a
nosotros, evitaban utilizar el «es» con el fin de sustraerse al hecho de que lo
uno se hiciera múltiple. Ellos tampoco vieron que uno y lo que es tiene
múltiples significados; ya que los entes son muchos o bien por definición, o bien
por división, y una misma cosa puede ser una y múltiple sin oposición.
Capítulo 3
Así
pues, al proceder de este modo, parece imposible que los entes sean una unidad,
y los argumentos utilizados para probarlo no son difíciles de refutar. En
efecto, tanto Parménides como Meliso hacen razonamientos erísticos. Meliso, por
un lado, comete una falacia, pues piensa que si «todo lo que se genera tuvo un
comienzo», «lo que no se genera no lo tiene». Y también es absurdo suponer que
todo tiene un comienzo, no del tiempo, sino de la cosa; y esto no sólo en
cuanto a la generación absoluta, sino también en cuanto a la generación de una
cualidad. Además, si lo que es es uno, ¿por qué tiene que ser inmóvil? Por
último, lo que es no puede ser uno en cuanto a la forma, sino sólo en
cuanto a la materia.
Parménides, por otro lado, puede recibir
las mismas objeciones, aunque hay también otras que se le pueden aplicar con
más propiedad. En efecto, supone que lo
que es sólo se dice en sentido absoluto, siendo que tiene muchos sentidos;
y a partir de esto no se podría distinguir entre lo blanco y aquello a lo que
pertenece. Por lo tanto, sus premisas son falsas y sus conclusiones no se
siguen. Necesariamente, pues, Parménides no sólo supone que lo que es tiene un único significado,
sino también que significa lo que
propiamente es y lo que propiamente
es uno. Sin embargo, lo que es,
en ese caso, no podrá ser un atributo. Ahora, si se acepta que lo que propiamente es no es atributo de
algo, ¿por qué ha de significar lo que es
más bien que lo que no es? Porque si lo que propiamente es no sólo es sino que también es blanco, entonces lo que propiamente es no es. Además de esto, lo que propiamente es no podrá tener magnitud, ya que el ser de
cada una de sus partes sería diferente.
Es también evidente desde el punto de
vista de la definición que lo que
propiamente es es divisible en otros que propiamente son. Así, si hombre
fuese lo que propiamente es, también animal y bípedo tendrían que ser lo
que propiamente es. Porque, si no lo fueran, serían entonces atributos del
hombre o de algún otro sujeto. Pero ambas alternativas son imposibles, si se
entiende por atributo: o bien lo que
puede pertenecer o no pertenecer a un sujeto, o bien aquello a lo que pertenece
la definición del sujeto del cual es un atributo.
Finalmente, algunos nos han transmitido
ambos argumentos: el de que todas las cosas son una, porque lo que es significa una cosa, con lo
cual conceden que lo que no es es; y
el de la dicotomía, que supone magnitudes indivisibles. Sin embargo, nada obsta
que haya, no un no ser absoluto, sino
un cierto no ser. Por tanto, es
absurdo decir que todas las cosas son una porque no puede haber nada fuera de lo que es mismo. Nada impide, pues, que
los entes sean muchos; y es evidentemente imposible que lo que es sea uno de este
modo.
Capítulo 4
En
cuanto a los físicos, estos hablan de dos modos. Algunos (Tales, Anaxímenes,
Heráclito, Platón) establecen que el uno
es el cuerpo subyacente, del que se generan todas las demás cosas, que se hacen
múltiples por rarefacción y condensación. Otros (Anaximandro, Empédocles y
Anaxágoras) afirman que los contrarios están contenidos en el uno y emergen de él por separación. Ahora
bien, Anaxágoras pensó que hay infinitas partículas semejantes, <homeoméricas>, porque asumió la
opinión común entre los físicos de que nada
llega a ser de lo que no es, lo cual los llevó a decir: “todas las cosas
estaban juntas”; además, la generación recíproca de los contrarios les llevó a
suponer que tenían que haber existido ya uno en otro. Y, si todo lo que es tiene que provenir de lo que es, pensaron que las cosas
provenían de cosas ya existentes. Por eso decían que todo está mezclado en
todo, asumiendo que la naturaleza de una cosa es lo que parece poseer
preponderantemente.
Pero si el infinito en cuanto infinito
es incognoscible, el infinito como cantidad o como cualidad también será
incognoscible. Y si los principios fueron infinitos según el número y según la
forma, sería imposible conocer lo que está compuesto de ellos, porque creemos
conocer un compuesto sólo cuando sabemos cuáles y cuántos son sus componentes.
Además, si las partes de una cosa
pudiesen ser de cualquier tamaño en grandeza o pequeñez («partes» en cuanto los
componentes en que puede ser dividido el todo), entonces necesariamente la cosa
total podrá ser de cualquier tamaño. Pero si es imposible que un animal o una
planta sean de cualquier tamaño en grandeza o en pequeñez, es evidente que
tampoco cualquiera de sus partes podrá serlo, pues si no fuera así, el todo
también lo sería.
Es evidente, además, que toda cosa no
puede estar presente en toda cosa, puesto que todo cuerpo finito se agota por
la sustracción reiterada de una magnitud finita. Por otro lado, si todo cuerpo
al que se le quite algo tiene que hacerse necesariamente más pequeño, es
manifiesto que a ningún cuerpo se le puede separar la cantidad mínima de lo que
está hecho. Así, que jamás tendrá lugar una completa separación, es verdad,
aunque Anaxágoras lo dice sin saber por qué: porque las afecciones son
inseparables. De ahí que sea absurda e imposible esta Inteligencia (Nous) que
postula, pues pretende separar lo que no es separable.
Anaxágoras, tampoco concibe
correctamente la generación de las cosas de la misma especie. Porque en cierto
sentido el barro se puede dividir en trozos de barro, pero en otro sentido no.
Ni el agua y aire son y se engendran mutuamente de la misma manera en que los
ladrillos vienen de la casa o la casa de los ladrillos. Por lo tanto, sería
mejor concebir un número más reducido y finito de principios, como hace
Empédocles.
Capítulo 5
Todos
ponen los contrarios como principios, tanto aquellos que afirman que el todo es
uno e inmóvil, como los que hablan de lo raro y lo denso. Y esto con buena
razón: pues es necesario que los principios no provengan unos de otros, ni de
otras cosas, sino que de ellos provengan todas las cosas. En cuanto a los
contrarios primeros, les corresponde esto: no provienen de otras cosas, porque
son primeros, ni tampoco unos de otros, porque son contrarios. Pero, cómo acontece
esto, tenemos que examinarlo también con la razón.
Hay que asumir que, entre todos los
entes, no hay ninguno que por su propia naturaleza pueda actuar sobre algo o
padecer algo al azar en virtud de algo azaroso, y que cualquier ente no puede
llegar a ser de otro cualquiera, salvo que se le considere por accidente.
Tampoco ninguno se destruye primariamente en otro cualquiera. Y este razonamiento
se aplica tanto a las cosas simples como a las compuestas, pero como no tenemos
un nombre para las disposiciones opuestas, en el caso de estas últimas, ello
cae en el olvido.
Ahora bien, si esto es verdadero, todo
lo que llega a ser proviene de su contrario o de algo intermedio y todo lo que
se destruye se destruye en su contrario o en algo intermedio. Además, los
intermedios provienen también de los contrarios. Por consiguiente, todos los
entes que llegan a ser por naturaleza o son contrarios o provienen de
contrarios.
Nuestros predecesores nos han acompañado
hasta aquí al afirmar, como constreñidos por la verdad misma, que los
principios son contrarios, aunque no han dado ninguna razón. Si bien algunos
entienden los contrarios como más cognoscibles según la razón, y otros como más
cognoscibles según la sensación, todos hablan de los principios como
contrarios.
Capítulo 6
Queda
ahora por decir si los principios son dos o tres o más. No es posible que haya
un único principio, puesto que los contrarios no son una misma cosa. Tampoco
pueden ser infinitos, por las siguientes razones: lo que es no sería cognoscible; en cada género solo hay una
contrariedad y la sustancia es un género único; es posible y además preferible
partir de un número finito; y, finalmente, los principios no deben ser
anteriores o posteriores respecto de sí, sino permanecer siempre. Es evidente,
pues, que no pueden ser ni uno ni infinitos.
Pero si son finitos, hay ciertas razones
para no suponer que los contrarios sean solo dos: sería difícil percibir cómo
por su propia naturaleza actúa uno sobre otro; no vemos que los contrarios sean
la sustancia de ninguna cosa; una sustancia no puede estar constituida por
no-sustancias. Por eso, si se admiten como verdaderas estas argumentaciones, es
necesario suponer un tercer principio. Así pues, parece razonable afirmar que
no puede haber un solo elemento, ni tampoco más de dos o tres. Pero resulta
difícil decidir si son dos o tres.
Capítulo 7
Nosotros
vamos a hablar ahora, en primer
lugar, de toda generación, pues es conforme a naturaleza hablar primero de lo
que es común y examinar después lo que es particular.
Decimos, pues, que algo llega a ser de algo
distinto al referirnos bien a [términos] simples («el hombre llega a ser músico»
o «lo no-músico llega a ser músico») o bien a compuestos («el hombre no-músico puede llegar a ser un hombre músico»). Pero en uno de estos
casos no decimos solo: «esto llega a ser», sino también: «esto llega a ser de
esto» («el músico llega a ser del no-músico»), aunque no en todos los casos. Y
cuando decimos que algo simple llega a ser, en un caso ese algo permanece (hombre) y en otro no (no-músico).
Al hacer estas determinaciones, si
alguien penetra con la mirada a la manera como hemos dicho, alcanzamos esto:
debe haber siempre algo subyacente en lo que llega a ser, y ello, aunque es uno
en número, no es uno en forma. Además, nuestro modo de hablar evidencia que
«llegar a ser» se dice en muchos sentidos: en algunos casos no se habla de
llegar a ser, sino de llegar a ser un esto,
y solo de las sustancias se dice que llegan ser en sentido absoluto. Es
manifiesto, pues, que en cualquier caso debe haber algo subyacente.
En cuanto a las sustancias que llegan a
ser, lo hacen o por transfiguración, o por adición, o por sustracción, o por
composición, o por alteración, y a partir de un substrato. Por ello es evidente
que todo lo que llega a ser es compuesto, y no solo hay algo que llega a ser,
sino algo que llega a ser esto, y lo
último de dos modos: o como substrato o como lo opuesto.
Por lo tanto, si de los entes que son
por naturaleza hay causas y principios de los que primariamente son y han
llegado a ser, entonces es evidente que todo llega a ser desde un substrato y
una forma. Y aunque el substrato es uno en número, pero dos en cuanto a la
forma; la forma es una, como el orden o la música o cualquiera otra
determinación similar. Por eso, en un sentido hay que decir que los principios
son dos y, en otro, que son tres.
Hemos dicho, pues, cuántos son los
principios del llegar a ser de los entes naturales y en qué sentido son tantos,
y queda claro que tiene que haber un substrato para los contrarios y que los
contrarios son dos. Pero, en otro sentido, esto no es necesario, pues es
suficiente con uno de los contrarios para efectuar el cambio por su ausencia o
presencia. En cuanto a esta naturaleza subyacente, es cognoscible por analogía,
y aunque es un principio, no es uno ni es ente a la manera en que lo es
un esto; otro principio es aquello
del cual hay definición, y otro también su contrario, la privación.
Ahora bien, todavía no está claro cuál
es la sustancia, si la forma o el substrato. Pero que los principios son tres,
en qué sentido son tres y en qué relación están entre sí, es evidente. Hemos
examinado, entonces, cuántos son los principios y qué son.
Capítulo 8
Que
solo de este modo se pueden resolver las dificultades de los antiguos, lo vamos
a mostrar ahora. Frente a la opinión de los que primero filosofaron, según la
cual ningún ente puede generarse o destruirse, puesto que lo generado tendría
que llegar a ser o de lo que es o de lo que no es, siendo ambas alternativas
imposibles, nosotros decimos «llegar a ser de lo que es o de lo que no es»,
o «lo que no es o lo que es ejerce o padece alguna acción,
o llega a ser algún esto» en nada se
diferencia del médico que ejerce o padece alguna acción, o de algo que llega a
ser por obra del médico.
Al igual que los antiguos, nosotros
también afirmamos que nada llega a ser de lo
que no es, pero esto en sentido absoluto, porque de algún modo hay un
llegar a ser de lo que no es, a
saber, por accidente; pues una cosa llega a ser de la privación, que por sí
misma no es, no de un constitutivo
suyo. Pero esto produce asombro y parece imposible que algo llegue a ser así,
de lo que no es. Y de la misma manera
afirmamos que nada llega a ser de lo que
es, y que lo que es no llega a
ser, salvo por accidente.
Este es, pues, un modo de resolver la
dificultad. Otro consiste en hablar de una misma cosa con respecto a su
potencialidad y con respecto a su actualidad. Pero, de este modo, decíamos,
también se resuelven las dificultades que les forzaron a hacer las supresiones
de que hemos hablado; pues fue por ellas por las que los antiguos se apartaron
del camino de la generación, la destrucción y el cambio en general. Les habría
bastado con mirar esta naturaleza para que se disipase toda su ignorancia.
Capítulo 9
Hay
otros que la han percibido, aunque no suficientemente. Porque siguen pensando
que algo solo puede llegar a ser de lo
que no es, y que esta naturaleza es una solo en potencia, lo cual es algo
completamente diferente a lo que venimos diciendo. Nosotros afirmamos que materia
y privación son distintos: aquella no es
por accidente y esta no es por sí
misma. Ellos, en cambio, afirman que lo Grande y lo Pequeño no son, tomados conjuntamente o cada uno
por separado. Su tríada es, entonces, enteramente distinta de la nuestra.
En cierto sentido la materia se destruye
y se genera, en otro no. Porque, considerada como aquello «en lo que», en sí
misma se destruye; pero considerada como potencia, en sí misma no se destruye,
sino que necesariamente es indestructible e ingenerable. En cuanto al principio
según la forma, es propio de la filosofía primera ocuparse de él; y en cuanto a
las formas naturales que pueden destruirse hablaremos de ellas más adelante. De
este modo queda, por lo tanto, determinado que hay principios, cuáles son y
cuántos son en número.
Temas
1. La ciencia de la naturaleza: punto de partida y método.
2. Número y naturaleza de los principios. La tesis de Parménides y Meliso
2. Número y naturaleza de los principios. La tesis de Parménides y Meliso
3. Refutación
de la tesis «lo que es es uno»
4. Las
tesis de los físicos y su examen
5. Naturaleza de
los principios: los contrarios
6. Número de los
principios: dos o tres
7. Naturaleza y
número de los principios a partir del análisis del llegar a ser
8. Resolución de
las aporías de los antiguos filósofos
9. Reflexiones
sobre la materia como principio: crítica de Platón
No hay comentarios:
Publicar un comentario