sábado, 5 de octubre de 2013

Resumen de "Física" I de Aristóteles


Aristóteles: Física I
(Resumen)
Werther Gonzales León
(Grupo Origen – UNMSM) 

Capítulo 1 

La física se define como ciencia de la naturaleza, y sólo hay ciencia ahí donde se da un conocimiento de principios, causas y elementos. Por lo tanto, debemos determinar, en primer lugar, lo relativo a sus principios. Para ello es necesario encaminar la investigación desde lo que es más cognoscible y más claro para nosotros hacia lo que es más claro y más cognoscible por naturaleza. Esto quiere decir, proceder analíticamente desde las cosas en su conjunto hacia sus constituyentes particulares.

Capítulo 2

Es necesario que haya o un principio o varios. Si hay sólo un principio, entonces, o bien será inmóvil, como dicen Parménides y Meliso, o bien estará en movimiento, como afirman los físicos. Pero si los principios son varios, o bien serán finitos, o bien infinitos. Si son finitos, serán dos, tres, cuatro o algún otro número; si son infinitos, o pertenecerán a un único género, diferenciándose sólo en la figura, o bien serán diferentes o incluso contrarios en especie. Del mismo modo proceden quienes buscan cuántos entes hay realmente, pues éstos también investigan si los principios o los elementos son uno o muchos.
Ahora bien, examinar si lo que es es uno e inmóvil no es un examen propio de la física. En efecto, no le corresponde al físico discutir las tesis sobre lo que es de Heráclito, Meliso o Parménides. Nosotros, por nuestra parte, damos por supuesto que los entes por naturaleza, o todos o algunos, están en movimiento. Esto es evidente por experiencia. Y aunque no estemos obligados a refutar toda argumentación adversa, las tesis de Parménides y Meliso plantean importantes problemas de orden físico. De ahí que tal vez sea conveniente decir algo al respecto, ya que este examen tiene interés para la filosofía.
Puesto que lo que es se dice en muchos sentidos, el punto de partida más apropiado será investigar en qué sentido dicen que todas las cosas son una unidad. ¿Acaso que todas son sustancias o cantidades o cualidades? ¿Acaso que son una única sustancia, o una única cualidad? Estas alternativas son muy diferentes y no es posible afirmarlas a la vez, ya que en ese caso habría muchos entes. Por otro lado, si Meliso afirma que lo que es es infinito, entonces sería una cantidad, pues lo infinito es infinito en cantidad, no en cuanto sustancia o cualidad. Pero si fuera una sustancia y una cantidad, lo que es sería dos y no uno.
Además, puesto que el uno mismo se dice en muchos sentidos, como lo que es, se debe examinar de qué modo se dice que el todo es uno. Se dice que algo es uno si es continuo, o si es indivisible, o si la definición de su esencia es una y la misma. Sin embargo, el todo no puede ser uno por ser continuo, ya que lo continuo es infinitamente divisible; ni puede ser uno por ser indivisible, pues ninguna cosa tendrá cantidad ni cualidad; en fin, todos los entes no pueden ser uno por tener la misma definición, porque entonces se vuelve a la doctrina de Heráclito, y todas las cosas no serían una unidad, sino nada.
En cuanto a los antiguos más próximos a nosotros, evitaban utilizar el «es» con el fin de sustraerse al hecho de que lo uno se hiciera múltiple. Ellos tampoco vieron que uno y lo que es tiene múltiples significados; ya que los entes son muchos o bien por definición, o bien por división, y una misma cosa puede ser una y múltiple sin oposición.

Capítulo 3

Así pues, al proceder de este modo, parece imposible que los entes sean una unidad, y los argumentos utilizados para probarlo no son difíciles de refutar. En efecto, tanto Parménides como Meliso hacen razonamientos erísticos. Meliso, por un lado, comete una falacia, pues piensa que si «todo lo que se genera tuvo un comienzo», «lo que no se genera no lo tiene». Y también es absurdo suponer que todo tiene un comienzo, no del tiempo, sino de la cosa; y esto no sólo en cuanto a la generación absoluta, sino también en cuanto a la generación de una cualidad. Además, si lo que es es uno, ¿por qué tiene que ser inmóvil? Por último, lo que es no puede ser uno en cuanto a la forma, sino sólo en cuanto a la materia.
Parménides, por otro lado, puede recibir las mismas objeciones, aunque hay también otras que se le pueden aplicar con más propiedad. En efecto, supone que lo que es sólo se dice en sentido absoluto, siendo que tiene muchos sentidos; y a partir de esto no se podría distinguir entre lo blanco y aquello a lo que pertenece. Por lo tanto, sus premisas son falsas y sus conclusiones no se siguen. Necesariamente, pues, Parménides no sólo supone que lo que es tiene un único significado, sino también que significa lo que propiamente es y lo que propiamente es uno. Sin embargo, lo que es, en ese caso, no podrá ser un atributo. Ahora, si se acepta que lo que propiamente es no es atributo de algo, ¿por qué ha de significar lo que es más bien que lo que no es? Porque si lo que propiamente es no sólo es sino que también es blanco, entonces lo que propiamente es no es. Además de esto, lo que propiamente es no podrá tener magnitud, ya que el ser de cada una de sus partes sería diferente.
Es también evidente desde el punto de vista de la definición que lo que propiamente es es divisible en otros que propiamente son. Así, si hombre fuese lo que propiamente es, también animal y bípedo tendrían que ser lo que propiamente es. Porque, si no lo fueran, serían entonces atributos del hombre o de algún otro sujeto. Pero ambas alternativas son imposibles, si se entiende por atributo: o bien lo que puede pertenecer o no pertenecer a un sujeto, o bien aquello a lo que pertenece la definición del sujeto del cual es un atributo.
Finalmente, algunos nos han transmitido ambos argumentos: el de que todas las cosas son una, porque lo que es significa una cosa, con lo cual conceden que lo que no es es; y el de la dicotomía, que supone magnitudes indivisibles. Sin embargo, nada obsta que haya, no un no ser absoluto, sino un cierto no ser. Por tanto, es absurdo decir que todas las cosas son una porque no puede haber nada fuera de lo que es mismo. Nada impide, pues, que los entes sean muchos; y es evidentemente imposible que lo que es sea uno de este modo.

 
Capítulo 4

En cuanto a los físicos, estos hablan de dos modos. Algunos (Tales, Anaxímenes, Heráclito, Platón) establecen que el uno es el cuerpo subyacente, del que se generan todas las demás cosas, que se hacen múltiples por rarefacción y condensación. Otros (Anaximandro, Empédocles y Anaxágoras) afirman que los contrarios están contenidos en el uno y emergen de él por separación. Ahora bien, Anaxágoras pensó que hay infinitas partículas semejantes, <homeoméricas>,  porque asumió la opinión común entre los físicos de que nada llega a ser de lo que no es, lo cual los llevó a decir: “todas las cosas estaban juntas”; además, la generación recíproca de los contrarios les llevó a suponer que tenían que haber existido ya uno en otro. Y, si todo lo que es tiene que provenir de lo que es, pensaron que las cosas provenían de cosas ya existentes. Por eso decían que todo está mezclado en todo, asumiendo que la naturaleza de una cosa es lo que parece poseer preponderantemente.
Pero si el infinito en cuanto infinito es incognoscible, el infinito como cantidad o como cualidad también será incognoscible. Y si los principios fueron infinitos según el número y según la forma, sería imposible conocer lo que está compuesto de ellos, porque creemos conocer un compuesto sólo cuando sabemos cuáles y cuántos son sus componentes.
Además, si las partes de una cosa pudiesen ser de cualquier tamaño en grandeza o pequeñez («partes» en cuanto los componentes en que puede ser dividido el todo), entonces necesariamente la cosa total podrá ser de cualquier tamaño. Pero si es imposible que un animal o una planta sean de cualquier tamaño en grandeza o en pequeñez, es evidente que tampoco cualquiera de sus partes podrá serlo, pues si no fuera así, el todo también lo sería.
Es evidente, además, que toda cosa no puede estar presente en toda cosa, puesto que todo cuerpo finito se agota por la sustracción reiterada de una magnitud finita. Por otro lado, si todo cuerpo al que se le quite algo tiene que hacerse necesariamente más pequeño, es manifiesto que a ningún cuerpo se le puede separar la cantidad mínima de lo que está hecho. Así, que jamás tendrá lugar una completa separación, es verdad, aunque Anaxágoras lo dice sin saber por qué: porque las afecciones son inseparables. De ahí que sea absurda e imposible esta Inteligencia (Nous) que postula, pues pretende separar lo que no es separable.
Anaxágoras, tampoco concibe correctamente la generación de las cosas de la misma especie. Porque en cierto sentido el barro se puede dividir en trozos de barro, pero en otro sentido no. Ni el agua y aire son y se engendran mutuamente de la misma manera en que los ladrillos vienen de la casa o la casa de los ladrillos. Por lo tanto, sería mejor concebir un número más reducido y finito de principios, como hace Empédocles.

Capítulo 5

Todos ponen los contrarios como principios, tanto aquellos que afirman que el todo es uno e inmóvil, como los que hablan de lo raro y lo denso. Y esto con buena razón: pues es necesario que los principios no provengan unos de otros, ni de otras cosas, sino que de ellos provengan todas las cosas. En cuanto a los contrarios primeros, les corresponde esto: no provienen de otras cosas, porque son primeros, ni tampoco unos de otros, porque son contrarios. Pero, cómo acontece esto, tenemos que examinarlo también con la razón.
Hay que asumir que, entre todos los entes, no hay ninguno que por su propia naturaleza pueda actuar sobre algo o padecer algo al azar en virtud de algo azaroso, y que cualquier ente no puede llegar a ser de otro cualquiera, salvo que se le considere por accidente. Tampoco ninguno se destruye primariamente en otro cualquiera. Y este razonamiento se aplica tanto a las cosas simples como a las compuestas, pero como no tenemos un nombre para las disposiciones opuestas, en el caso de estas últimas, ello cae en el olvido.
Ahora bien, si esto es verdadero, todo lo que llega a ser proviene de su contrario o de algo intermedio y todo lo que se destruye se destruye en su contrario o en algo intermedio. Además, los intermedios provienen también de los contrarios. Por consiguiente, todos los entes que llegan a ser por naturaleza o son contrarios o provienen de contrarios.
Nuestros predecesores nos han acompañado hasta aquí al afirmar, como constreñidos por la verdad misma, que los principios son contrarios, aunque no han dado ninguna razón. Si bien algunos entienden los contrarios como más cognoscibles según la razón, y otros como más cognoscibles según la sensación, todos hablan de los principios como contrarios.

Capítulo 6

Queda ahora por decir si los principios son dos o tres o más. No es posible que haya un único principio, puesto que los contrarios no son una misma cosa. Tampoco pueden ser infinitos, por las siguientes razones: lo que es no sería cognoscible; en cada género solo hay una contrariedad y la sustancia es un género único; es posible y además preferible partir de un número finito; y, finalmente, los principios no deben ser anteriores o posteriores respecto de sí, sino permanecer siempre. Es evidente, pues, que no pueden ser ni uno ni infinitos.
Pero si son finitos, hay ciertas razones para no suponer que los contrarios sean solo dos: sería difícil percibir cómo por su propia naturaleza actúa uno sobre otro; no vemos que los contrarios sean la sustancia de ninguna cosa; una sustancia no puede estar constituida por no-sustancias. Por eso, si se admiten como verdaderas estas argumentaciones, es necesario suponer un tercer principio. Así pues, parece razonable afirmar que no puede haber un solo elemento, ni tampoco más de dos o tres. Pero resulta difícil decidir si son dos o tres.

Capítulo 7

Nosotros vamos a hablar ahora, en primer lugar, de toda generación, pues es conforme a naturaleza hablar primero de lo que es común y examinar después lo que es particular.
 Decimos, pues, que algo llega a ser de algo distinto al referirnos bien a [términos] simples («el hombre llega a ser músico» o «lo no-músico llega a ser músico») o bien a compuestos («el hombre no-músico puede llegar a ser un hombre músico»). Pero en uno de estos casos no decimos solo: «esto llega a ser», sino también: «esto llega a ser de esto» («el músico llega a ser del no-músico»), aunque no en todos los casos. Y cuando decimos que algo simple llega a ser, en un caso ese algo permanece (hombre) y en otro no (no-músico).
Al hacer estas determinaciones, si alguien penetra con la mirada a la manera como hemos dicho, alcanzamos esto: debe haber siempre algo subyacente en lo que llega a ser, y ello, aunque es uno en número, no es uno en forma. Además, nuestro modo de hablar evidencia que «llegar a ser» se dice en muchos sentidos: en algunos casos no se habla de llegar a ser, sino de llegar a ser un esto, y solo de las sustancias se dice que llegan ser en sentido absoluto. Es manifiesto, pues, que en cualquier caso debe haber algo subyacente.
En cuanto a las sustancias que llegan a ser, lo hacen o por transfiguración, o por adición, o por sustracción, o por composición, o por alteración, y a partir de un substrato. Por ello es evidente que todo lo que llega a ser es compuesto, y no solo hay algo que llega a ser, sino algo que llega a ser esto, y lo último de dos modos: o como substrato o como lo opuesto.
Por lo tanto, si de los entes que son por naturaleza hay causas y principios de los que primariamente son y han llegado a ser, entonces es evidente que todo llega a ser desde un substrato y una forma. Y aunque el substrato es uno en número, pero dos en cuanto a la forma; la forma es una, como el orden o la música o cualquiera otra determinación similar. Por eso, en un sentido hay que decir que los principios son dos y, en otro, que son tres.
Hemos dicho, pues, cuántos son los principios del llegar a ser de los entes naturales y en qué sentido son tantos, y queda claro que tiene que haber un substrato para los contrarios y que los contrarios son dos. Pero, en otro sentido, esto no es necesario, pues es suficiente con uno de los contrarios para efectuar el cambio por su ausencia o presencia. En cuanto a esta naturaleza subyacente, es cognoscible por analogía, y aunque es un principio, no es uno ni es ente a la manera en que lo es un esto; otro principio es aquello del cual hay definición, y otro también su contrario, la privación.
Ahora bien, todavía no está claro cuál es la sustancia, si la forma o el substrato. Pero que los principios son tres, en qué sentido son tres y en qué relación están entre sí, es evidente. Hemos examinado, entonces, cuántos son los principios y qué son.

Capítulo 8

Que solo de este modo se pueden resolver las dificultades de los antiguos, lo vamos a mostrar ahora. Frente a la opinión de los que primero filosofaron, según la cual ningún ente puede generarse o destruirse, puesto que lo generado tendría que llegar a ser o de lo que es o de lo que no es, siendo ambas alternativas imposibles, nosotros decimos «llegar a ser de lo que es o de lo que no es», o «lo que no es o lo que es ejerce o padece alguna acción, o llega a ser algún esto» en nada se diferencia del médico que ejerce o padece alguna acción, o de algo que llega a ser por obra del médico.
Al igual que los antiguos, nosotros también afirmamos que nada llega a ser de lo que no es, pero esto en sentido absoluto, porque de algún modo hay un llegar a ser de lo que no es, a saber, por accidente; pues una cosa llega a ser de la privación, que por sí misma no es, no de un constitutivo suyo. Pero esto produce asombro y parece imposible que algo llegue a ser así, de lo que no es. Y de la misma manera afirmamos que nada llega a ser de lo que es, y que lo que es no llega a ser, salvo por accidente.
Este es, pues, un modo de resolver la dificultad. Otro consiste en hablar de una misma cosa con respecto a su potencialidad y con respecto a su actualidad. Pero, de este modo, decíamos, también se resuelven las dificultades que les forzaron a hacer las supresiones de que hemos hablado; pues fue por ellas por las que los antiguos se apartaron del camino de la generación, la destrucción y el cambio en general. Les habría bastado con mirar esta naturaleza para que se disipase toda su ignorancia.

Capítulo 9

Hay otros que la han percibido, aunque no suficientemente. Porque siguen pensando que algo solo puede llegar a ser de lo que no es, y que esta naturaleza es una solo en potencia, lo cual es algo completamente diferente a lo que venimos diciendo. Nosotros afirmamos que materia y privación son distintos: aquella no es por accidente y esta no es por sí misma. Ellos, en cambio, afirman que lo Grande y lo Pequeño no son, tomados conjuntamente o cada uno por separado. Su tríada es, entonces, enteramente distinta de la nuestra.
En cierto sentido la materia se destruye y se genera, en otro no. Porque, considerada como aquello «en lo que», en sí misma se destruye; pero considerada como potencia, en sí misma no se destruye, sino que necesariamente es indestructible e ingenerable. En cuanto al principio según la forma, es propio de la filosofía primera ocuparse de él; y en cuanto a las formas naturales que pueden destruirse hablaremos de ellas más adelante. De este modo queda, por lo tanto, determinado que hay principios, cuáles son y cuántos son en número. 
Temas
 
1. La ciencia de la naturaleza: punto de partida y método.
2. Número y naturaleza de los principios. La tesis de Parménides y Meliso
3.   Refutación de la tesis «lo que es es uno»
4.   Las tesis de los físicos y su examen
5. Naturaleza de los principios: los contrarios
6. Número de los principios: dos o tres
7. Naturaleza y número de los principios a partir del análisis del llegar a ser
8. Resolución de las aporías de los antiguos filósofos
9. Reflexiones sobre la materia como principio: crítica de Platón
 

 

 

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