sábado, 5 de octubre de 2013

Resumen de "Física" II de Aristóteles


Aristóteles: Física II
(Resumen)
Juan Pablo Cotrina Cosar
(Grupo Origen - UNMSM) 

Capítulo 1

Algunas cosas, como los animales, plantas y cuerpos simples, son por naturaleza; otras, como una cama, una prenda de vestir, o cualquier producto del arte, son por otras causas. La diferencia radica en que las primeras tienen en sí un principio de movimiento y de reposo; mientras que, las segundas, solo lo tienen accidentalmente. Porque la naturaleza es un principio y causa del movimiento o del reposo en la cosa por sí misma, no por accidente, ya que la cosa que es por accidente no tiene en sí el principio de su producción, sino que unas las tienen fuera, y otras lo tienen en sí mismas, pero no por sí mismas.
     Ahora bien, cada una de aquellas cosas que tiene en sí misma el principio de su producción tiene naturaleza. Además, es una sustancia, pues es un sustrato y la naturaleza está siempre en un sustrato. Pero, aquellas cosas que no tienen en sí mismas tal principio son solo por naturaleza y conforme a naturaleza.
     Así, queda dicho qué es la naturaleza y qué es ser por naturaleza y conforme a naturaleza. Y, aunque sería ridículo demostrar la existencia de la naturaleza, es necesario explicitar los sentidos que ella tiene.
     Por un lado, algunos piensan que la naturaleza o la substancia de las cosas que son por naturaleza es el constituyente primero en cada una de ellas, algo informe en sí mismo; así, la naturaleza de la cama sería la madera. Con ello, consideran a la materia como la naturaleza de las cosas, De ahí que algunos piensen que la naturaleza sea el fuego; otros, la tierra; otros, el aire; otros, el agua; otros, que varios de estos elementos; otros, que todos ellos. Más, por otro lado, algunos piensan que es la forma o la especie la naturaleza de las cosas, ya que la forma tendría en sí mismo el principio de movimiento y, además, porque decimos que una cosa es lo que es cuando existe actualmente más que cuando existe en potencia. De esta manera, la naturaleza se dice en dos sentidos: materia y forma.

Capítulo 2

Según los sentidos de naturaleza, materia y forma, se establece una diferencia entre el quehacer del físico y el del matemático. Pero, si hay dos naturalezas, ¿cuál ha de ser estudiada por el físico? ¿O tendrá que estudiar más bien lo que resulta de ambas? Mas, si tiene que estudiar lo que resulta de ambas, entonces también cada una de ellas. En tal caso, ¿habrá una misma ciencia para ambas naturalezas, o bien una ciencia para la una y otra para la otra?
     Si atendemos a los antiguos podría parecer que el objeto de la física es la materia. Pero, si “el arte imita a la naturaleza” y es propio de una misma ciencia el conocer la forma y la materia (por ejemplo, el constructor conoce la forma de la casa, pero también la materia, a saber, ladrillos y la madera), será entonces tarea propia de la filosofía conocer ambas naturalezas. Además, también es propio de esta ciencia, la filosofía, conocer el para lo cual o el fin y todo lo que está en función de ese fin. Es decir, es propio de la filosofía conocer la naturaleza, ya que ella es fin y aquello para lo cual.
     Las artes, por otro lado, también producen, dominan, y, sobre todo, conocen la materia. Estas se dividen en dos grandes grupos: unas conocen la materia y saben hacer uso de las cosas; y, otras, a las que se les denomina arquitectónicas y pertenecen a las artes productivas, conocen la forma. Así, en las cosas artificiales producimos la materia para operar con ella, pero en las cosas naturales la materia ya existe. Además, la materia es algo relativo, pues para una forma se requiere una materia y para otra forma otra materia. Ahora bien, ¿hasta qué punto el físico debe conocer la forma y la esencia de las cosas? ¿Acaso debe conocerlas limitándose a su propio fin, y a lo que es separable en cuanto a la forma, pero que se encuentra en la misma materia? En cuanto a determinar el  modo de ser de lo separable y cuál sea su esencia, esto es propio de la filosofía primera.

Capítulo 3

Ahora, hechas estas distinciones, es necesario examinar cuáles y cuántas son las causas, ya que el objeto de esta investigación es el conocer y no creemos conocer algo si antes no hemos preguntado por el por qué, es decir,  por la causa primera.
     En primer lugar, se dice que es causa aquel constitutivo interno o materia de lo que algo está hecho, como el bronce respecto de la estatua. En segundo lugar, se dice que es causa la forma o el modelo, esto es, la definición de la esencia y sus géneros, y las partes de la definición, como la humanidad respecto del hombre. En tercer lugar, se dice que es causa  el principio primero de donde proviene el cambio o el reposo, como el padre respecto del hijo. Y, en último lugar, se dice que es causa el fin, esto es, aquello para lo cual algo es, como la salud respecto del pasear, ya que ¿por qué paseamos? Para estar sanos.
     Tales son, pues, los sentidos en que se dice de algo que es causa. Pero como causa se dice en varios sentidos, ocurre que una misma cosa tiene varias causas. Causas que se reducen a cuatro clases: las que son sujeto subyacente; las que son esencia; las que son principio de cambio y reposo; y las que son el fin o el bien de las cosas. Estas causas, ya sean propias o accidentales, pueden ser dichas o en potencia o en acto; así, la causa de la construcción de una casa es el constructor, y de la casa que efectivamente está siendo construida lo es el constructor que la está construyendo. Por todo ello, se debe decir que al investigar la causa de cada cosa hay buscar siempre la que es preponderante.

Capítulo 4

Se suele decir que la suerte y la casualidad también son causas. Es así, que es necesario examinar, primero, de qué manera la suerte y la casualidad se encuentran entre las causas indicadas; segundo, si la suerte y la casualidad son lo mismo o diferentes; y, tercero, qué es lo que son.
     Por un lado, algunos piensan que nada proviene de la suerte, ya que todo cuanto ocurre tiene una causa determinada. Porque si la suerte fuese algo, parece extraño que ninguno de los antiguos sabios se haya ocupado de ello, aunque hayan hecho uso de ella, como Empédocles. Pero también es sorprendente que muchas cosas lleguen a ser y son debido a la suerte o la casualidad. Por otro lado, otros consideran que este mundo y todos los mundos son producto de la casualidad; pues dicen, por absurdo que pueda ser, que el cielo y las cosas divinas se han generado por casualidad. Más, junto a estos, hay quienes piensan que la suerte es una causa, pero que es algo divino y tan demónico que la hace inescrutable para el pensamiento humano De esta manera, es necesario examinar la causalidad y la suerte y ver qué es cada una de ellas.

Capítulo 5

Habiendo considerado las diferentes opiniones con relación a la suerte y la casualidad, es necesario, ahora, examinar qué son cada una de ellas.
     Observamos que algunas cosas suceden siempre de la misma manera, y otras en la mayoría de casos. Por ello, es evidente que de ninguna de ellas se puede decir que su causa sea la suerte o que suceden fortuitamente. Pero como, aparte de éstas, existen otras de las que todos dicen que suceden fortuitamente, es evidente que la suerte y la casualidad son algo.
     Ahora bien, hay cosas que suceden para algo, otras no. Entre las cosas que suceden para algo, algunas suceden por elección, otras no. Pues bien, es “para algo” aquello que es hecho como efecto del pensamiento o de la naturaleza. Pero, decimos que algo es por accidente cuando es debido a la suerte. Porque así como una cosa es por sí o por accidente, lo mismo puede serlo una causa.  
     Así pues, lo que es causa por sí es determinado, pero la causa accidental es indeterminada, y siendo la suerte una causa accidental es, por ello, necesariamente indeterminada. De ahí que se piense que sea inescrutable para el hombre. Pero también es correcto decir que la suerte es imprevisible, pues solo podemos prever lo que sucede siempre o casi siempre, mientras que la suerte se da fuera de estos casos. Es por esta última razón que la suerte es inconstante, especialmente lo que se denomina “buena suerte”.

Capítulo 6

Habiendo manifestado, en el punto anterior, que la suerte y la casualidad son causas accidentales, es necesario, ahora, examinar en qué se diferencian una de otra.
     La casualidad se diferencia de la suerte por ser una noción más amplia, ya que todo cuanto se debe a la suerte se debe también a la casualidad, pero no todo cuanto se debe a la casualidad se debe  la suerte. La suerte, por su parte, se diferencia de la casualidad por limitarse a la actividad humana. Por eso, nada hecho por las cosas inanimadas, los animales y  los niños es resultado de la suerte. La casualidad, en cambio, se puede encontrar en los demás animales y en muchas cosas inanimadas. Así, cuando a las cosas le sobreviene algo distinto a su finalidad por causa externa, decimos que es por casualidad y, cuando se trata de cosas que pueden ser elegidas por aquellos que tienen capacidad de elegir, decimos que es por suerte. Pero, la casualidad se diferencia de la suerte sobre todo en las cosas generadas por naturaleza, ya que cuando se genera algo contrario a la naturaleza no decimos que es por suerte sino por casualidad.
     De esta manera, se ha dicho qué es la casualidad, qué es la suerte y en qué se diferencian. En cuanto al modo en que son causas, ambas lo son como aquello de donde comienza el movimiento. Pero, puesto que la casualidad y la suerte son causas de cosas que han sido causadas accidentalmente por algo, y puesto que nada accidental es anterior a lo que es por sí, es evidente que ninguna causa accidental es anterior a ninguna causa por sí. La casualidad y la suerte son, entonces, posteriores a la inteligencia y a la naturaleza.

Capítulo 7

Existen varios modos en que podemos entender el por qué de las cosas. El por qué, en efecto, nos remite últimamente o bien a la esencia, o bien a lo que primariamente hace mover, o bien al para qué, o bien a la materia. Así, las causas son cuatro, y es tarea propia del físico conocerlas todas, pues para explicar físicamente el por qué tendrá que remitirse a todas ellas, esto es, a la materia, a la forma, a lo que hace mover, y al fin. En general, es tarea del físico indagar por las cosas que son movidas al mover otras. Pero, en cuanto a las que mueven sin ser movidas, no es competencia de la física, ya que no  mueven porque poseen en sí el movimiento o el principio del movimiento, sino porque son inmóviles. De esta manera, los principios que mueven son dos. Y uno no es físico, pues no tiene en sí el principio de movimiento. Así, puesto que la naturaleza es para algo, es necesario explicar también esta causa.

Capítulo 8

Tenemos que explicitar, en este punto, primero, por qué razón se incluye a la naturaleza entre las cosas que son para algo; luego, decir de qué modo se presenta la necesidad en las cosas naturales, pues todos las remiten a esta causa, aunque tan pronto como lo admiten lo abandonan apelando a  la casualidad. Así, ya que se piensa que las cosas suceden o por coincidencia o por un fin, y puesto que no es posible que sucedan por coincidencia ni que se deba a la casualidad, es necesario, entonces, que sucedan por un fin. Luego en las cosas que llegan a ser y son por naturaleza hay una causa final. Pues las cosas están hechas de la manera en que su naturaleza dispuso que fuesen hechas. Es decir, están hechas para algo.
     Ahora bien, en algunos casos el arte completa lo que la naturaleza no pudo llevar a término, en otros imita a la naturaleza. Por lo tanto si las cosas producidas por el arte están hechas con vistas a un fin, es evidente que también lo están las producidas por la naturaleza; pues lo anterior se encuentra referido a lo que es posterior tanto en las cosas naturales como artificiales. Y puesto que la naturaleza puede entenderse como materia y forma, y puesto que esta última es el fin, mientras que todo lo demás está en función del fin, la forma tiene que ser causa como causa final.
     Observamos también que en lo hecho artificialmente se producen errores. Por lo tanto es evidente que estos errores se pueden producir en las cosas naturales. Pues si hay cosas artificiales en las que lo producido se ha hecho correctamente con vistas a un fin, y también otras hechas erróneamente cuando el fin que se pretendía no se ha alcanzado, lo mismo puede suceder en las cosas naturales, ejemplo de ello son los monstruos. Además, debemos decir que las cosas naturales son aquellas que, movidas por un principio interno, llegan a un fin, pero este fin no es el mismo para cada principio, ni tampoco se llega fortuitamente a cualquier fin desde un determinado principio, sino que desde un mismo principio se llega a un mismo fin, si nada se lo impide. Así pues, es evidente que la naturaleza es una causa que opera para un fin.

Capítulo 9

Lo que es por necesidad ¿lo es en sentido condicional o absoluto? Algunos creen que lo que es por necesidad reside en la generación, como si pensaran que un muro fuera hecho por la materia de la que está constituido. Sin embargo, aunque el muro no pueda ser hecho sin esas cosas, no fue hecho por causas de ellas, sino fue hecho para algo. Luego, lo necesario es necesario condicionalmente, pero no como fin; porque la necesidad está en la materia, mientras que el fin está en la definición. Así, es pues evidente que en las cosas naturales lo necesario es lo que llamamos materia y sus movimientos. De esta manera, el físico ha de establecer ambas causas, pero sobre todo la causa final, ya que ésta es causa de la materia y no la materia del fin. 

Temas
 
1. La naturaleza: lo que es naturaleza y lo que es por naturaleza o conforme a la naturaleza.
2. Los sentidos de naturaleza: materia y forma.
3. La ciencia y los tipos de arte.
4. Las cuatro causas.
5. Suerte y casualidad
            a) La causa accidental: indeterminada, inescrutable, imprevisible e inconstante.
            b) La suerte (actividad humana) y la casualidad (animales y cosas inanimadas).
6. “El por qué” y las cuatro causas.
7. Los principios de movimiento: “los que mueven y son movidos” y “los inmóviles”.
8. La forma como causa final.
9. La materia como necesidad condicional.

 

 

 

 

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